29 octubre 2016
Te cuento
--Esta mañana, sobre las ocho, bajé a abrir la puerta de abajo. En ese instante, pasaba un Señor haciendo fúting, que es otra manera de cubrir un puente de varios días, y no precisamente el peor aprovechado. Se detuvo en la carrera cuando me vio.
-Usted no se acuerda de mí, ¿verdad? –me dijo.
-Pues no caigo –respondí-, con ese traje, ese gorro y esas gafas que le tapan el rostro…
Se sonrió. Tendría unos sesenta años bien llevados.
-Yo fui alumno suyo en el Instituto “Arzobispo Lozano” –siguió.
-Hace de eso medio siglo -respondí.
-El año mil novecientos sesenta y cinco –siguió él-. Usted nos daba Geografía, y no es por decirlo que es verdad, estábamos muy contentos con su enseñanza.
-Me alegro que fuera así –tartamudeé-; mejor que si quisiera pedirme explicaciones por lo contrario, que hoy todo podría ser.
-No, no, utilizaba una fichas que aprendíamos jugando en el mapa.
Con poco más, nos despedimos. Pensé luego que somos viajeros del mismo tren los que formamos las generaciones. Sin buscarnos nos vemos en cualquier recodo del camino, en cualquier momento. No es difícil encontrarnos, y menos si queremos dar con alguien. Hagamos, pues, lo mejor que podamos con los demás con el fin de que te recuerden con agrado.
Francisco Tomás Ortuño
No hay comentarios:
Publicar un comentario