jueves, 27 de octubre de 2016

María Dueñas.

27 octubre 2016

Te cuento… María Dueñas

            Murcia, la una y media. No hace falta aclarar que del mediodía.
Como te dije, mi amigo Luis Ortiz me regaló dos “Invitaciones” para ir a la Caixa a escuchar –y a ver, claro- a María Dueñas, escritora. Por la mañana, en la piscina, le dije a Bladimiro:
-¿Quieres venir a la Caixa esta tarde a una Conferencia?
-¿De qué va a hablar? –preguntó.
-De cómo se hace una novela –le dije. Y añadí: Tengo dos Invitaciones, pero mi Señora no puede acompañarme.
Tras mi largo exordio, me dijo que no. “Lo siento, me dijo, pero estoy de mudanza; esta tarde van por los muebles de mi casa: me traslado a Cabezo de Torres”.
-¿Y dejarás de venir a bañarte? –seguí intrigado.
-No, a bañarme vendré como hasta ahora.
Luego te contaré quién es Bladimiro y de cuándo viene nuestra amistad.
Cuando vine a casa, pensé en mi vecino y amigo Francisco Rubio: “Voy a decir a Francisco si quiere venir a la Conferencia de la Señora Dueñas”. Y ni corto ni perezoso llamé a su puerta. Está al lado de la mía, tabique por medio. Abrió y nos saludamos.
-¡Hola!, ¿qué dices? –me preguntó.
Le dije lo de la Conferencia en la Caixa, como a Bladimiro, y me dijo también que no podía acompañarme. Tenía que salir de viaje.
Así los acontecimientos, llegada la hora de la tarde, me llevó mi hija en su coche a la Caixa y entré.
-¿Es que vienes solo? –me preguntó Luis cuando me vio entrar.
¿Cómo le contestaba que ni Bladimiro ni Francisco Rubio aceptaron la Invitación? Le dije solo que mi Señora tenía “Taller” a esa hora y no pudo venir.
Entré al Salón de Actos donde iba a tener lugar la charla. Había otras personas sentadas ocupando las primeras filas. En diez minutos se llenó el salón, no a rebosar pero sí con buena entrada.
Por fin entró la protagonista, sonriente, pasillo adelante, hablando con un Señor. Subieron al estrado y muy amables saludaron al público. Lo que se hace en estos casos. Bebieron agua de un botellín que tenían preparado en la mesa y comenzó el acto. Los dos que subieron se lo cocinaron y se lo comieron. Ella dijo que él era Profesor en la Universidad y que se llamaba Aquilino. Y él habló de su compañera, que acabó escribiendo novelas de éxito.
No me parece mal la forma de exponer su Conferencia. Con preguntas y respuestas, los asistentes supimos que ella dejó la Universidad por publicar libros; que dedicaba ocho o diez horas diarias a escribir y que los argumentos de sus novelas los preparaba mucho en una especie de organigrama hasta que a los dos o tres años, la terminaba.
En el turno de preguntas, Dolores López Vinader le preguntó si el escritor nace o se hace. Respondió Dueñas lo que era de esperar: que nace pero luego tiene que hacerse. Necesita de los dos ingredientes. Algo así digo yo de Marañón en mi “Te cuento…”.
A otra pregunta dijo que su primera Novela –Tiempo entre costuras- la llevó a la fama y que por muchas que escriba, la recordarán por ella. Que suele ocurrir que a los escritores los recuerdan por una que haya escrito sobre las demás. Pensé en Don Quijote de Cervantes.

                                   Francisco Tomás Ortuño

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