4 octubre 2016
Te cuento…
Murcia, las doce, martes. Mi Santo. ¿Qué decir de San Francisco que no se sepa? Tal vez que pasaba horas preguntando al Señor: ”¿Quién eres tú?”. “¿Quién soy yo?”. O que dejó una vida acomodada y escogió la pobreza por seguir el Evangelio.
Entró Jesús en una aldea, Betania, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. La hermana de Marta, sentada a los pies de Jesús, lo escuchaba, mientras que Marta atendía las cosas de la casa. “Dile que me eche una mano”, dijo cuando estuvo cerca de Jesús. Se refería a su hermana María. Pero Jesús le dijo: “Marta, tu hermana ha cogido la mejor parte”.
San Francisco optó por imitar a María, eligió también lo mejor que podía hacer. Y los discípulos que le siguieron –Franciscanos y Capuchinos- vieron en su fundador la encarnación perfecta del Evangelio.
-¿Y tú qué piensas, Papa Francisco?
El Papa se sonríe.
-Lo sabes bien, tocayo –dice-. Yo soy franciscano. Si el espíritu de Francisco de Asís se conociera y se practicara en el mundo, no habría pobres. Pero muchos ricos no quieren saber de él y guardan sus riquezas, o las entierran, como si les fueran a servir para algo cuando se vayan de este mundo.
-Hay una lista por ahí de los hombres más ricos del planeta.
-¿Cómo es posible que no les dé vergüenza que se publiquen, habiendo tanta pobreza en la puerta de su casa y muriendo niños por no tener qué comer en todas partes. Es que son miles de millones de dólares o euros y se quedan tan frescos y orgullosos de que los señalen.
-El mundo debía de poner una Regla en esas reuniones que tienen las Naciones para aliviar sus conciencias, diciendo que van a dar pero que luego no dan o regatean –del 0´7 se baja al 0´3, o se queda en cero- en la que se explicitara de forma rotunda que nadie tuviera más de una cantidad establecida, suficiente para vivir con dignidad.
Que si por un golpe de suerte había amasado una fortuna, que la llevara al “Fondo Mundial de Recursos para Pobres”, que ayudara a necesitados, como otros donan sangre para accidentes en carretera.
-La gran familia humana debía obrar ya como seres racionales.
Francisco Tomás Ortuño
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