15 octubre 2016
Te cuento…
Santana de Jumilla, Santa Teresa, la una, en el comedor.
Ayer te hablaba de María Dueñas, que se dedica a escribir novelas. Te dije que vendría a la Caixa a dar una Conferencia sobre el arte de escribir, que estas personas no solo escriben sino que hablan; la fama de sus libros les hace ser conocidas y admiradas.
Hoy te cuento que recibí, también ayer, una carta de la Concejalía de cultura de Jumilla, anunciando un espectáculo en el Teatro Vico, de los Coros y Danzas de la ciudad, celebrando el 75 aniversario de su fundación. Hemos venido mi Señora y yo con la intención de pasar la velada con familiares, amigos y paisanos de toda la vida.
-¡Hola!, ¿qué tal?
-Bien, ¿y tú?
-Bien también.
-¿A ver los Coros en el septuagésimo quinto aniversario de su creación?
-Como tú, espero.
El jardín de la Glorieta y el Grupo Escolar, anejo al mismo, donde estuve diecisiete años como Director, ofrecen un espacio amplio, magnífico, para espectáculos al aire libre, que aprovecha el Ayuntamiento. En las fiestas de Agosto, por la Virgen de la Asunción, patrona de Jumilla, se montar allí un escenario enorme, y con los ventanales del Colegio de fondo, representan obras de teato, zarzuelas y funciones de todo tipo. Entre estas, los Coros y Danzas de la localidad, con invitados de toda España -Canarias, Granada, Ciudad Real…- que nos traen su música y bailes regionales.
Hace, por tanto, dos meses que vimos allí la función más bonita que pueda imaginarse. Mi sobrino Fulfencio Tomás era el presentador del espectáculo. Su padre desde el Cielo lo vería orgulloso.
Lo de esta noche va a ser en el Teatro Vico, nuestro Teatro Vico, una joya de teatro, idéntico al Teatro Romea de Murcia, aunque más reducido. Allí hemos visto, cine, teatro, conferencias, y espectáculos de cualquier naturaleza: patio de butacas, plateas, palcos y “gallinero”.
De críos, recuerdo que sacábamos la entrada de “general” –butaca, una peseta; general, 0´50 pesetas- para ver películas del Gordo y el Flaco, de Cantinflas, o del Oeste americano, con el invencible Jhon Waine, y por una reja rota nos colábamos a los palcos. Siento escalofrío solo de pensarlo: había peligro de caer al vacío, pero nosotros entonces no lo veíamos. Espero que hayan tapado aquel agujero que nos permitía pasar del gallinero a los asientos más caros. Hace de esto unos setenta años.
Francisco Tomás Ortuño
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