11 octubre 2016
Te cuento…
Murcia, martes, las doce y media. Encima de mi amigo Salvador. Entiéndase: en mi escritorio que da a la calle “Salvador Ortiz”. Ya estuve en Inacua y me bañé en la piscina; ya desayuné y mandé un “Te cuento” a los amigos, y ya… otras cosas que fueron sucediendo en el camino.
En una Sauna había, con otros saunitas, una Señora que me saluda, que nos saludamos, de vernos en el recinto, pero que ni yo sé cómo se llama ni ella sabe cómo me llamo yo. Por no saber, no sé si vive en Murcia, en la Arboleja, en Alcantarilla o en el Ranero. Y a ella, seguro, le ocurrirá lo mismo.
Cuando entré en la Sauna, hablaban de la risa como terapia. Yo intervine pronto para decir que existe la “risoterapia” como medicina. ¡La que se armó! Unos a favor y otros en contra. Que si la risa es buena, que si la risa perjudica, que si uno no puede reír cuando está triste…
Mi “amiga” era partidaria de que la risa produce felicidad y es contagiosa, que ella lo ha probado en casa y fuera de ella. Yo la apoyo: “Igual que la risa es la música. Ya Cervantes dijo en el Quijote–añado- que donde hay música no puede haber nada malo. Y si lo dijo Cervantes, será verdad” Yo pensé, pero no lo dije, si “los pájaros vuelan porque tienen alas o si tienen alas para volar”. No sé qué relación guardaban esos conceptos, pero lo pensé.
Mantuve, sin embargo, por avivar la discusión, que dudaba mucho que una persona triste, de profunda tristeza, pudiera reírse solo por cambiar las facciones de su rostro. Unos aseguraban que sí y otros que no. Ella se mantenía en que probáramos.
-Hablemos de mañana, Zoilo, “Día de la Hispanidad”. ¿Se hace fiesta como antes? No todos estarán de acuerdo, como con la terapia de la risa.
-Según se tome por una “ocupación” o por una “liberación”, Petronilo. Unos lo verán como fiesta y otros como condena. La Historia a veces debía de dejarse quieta. Y que cada cual tuviera su recuerdo particular. No se puede, después de quinientos años, restregar a unos indígenas que por nosotros viven en un mundo civilizado. Hoy son países que celebran su independencia de otras naciones y punto. Lo del descubrimiento y civilización ya lo asumieron y olvidaron. ¿Quién sabe si ellos piensan que España, Gran Bretaña o Francia fueron allí a quitarles sus riquezas y que son ellos los ofendidos? Dejemos la fiesta en paz y limitémonos a abrir fronteras donde permanezcan cerradas.
Francisco Tomás Ortuño
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