sábado, 22 de octubre de 2016

Espero a mi novia.

21 octubre 2016

Te cuento…

Murcia, las diez y media. En la calle Sagasta han abierto una churrería a donde acude la gente como las moscas a un panal de rica miel.
-Voy al trabajo.
-¿No desayunas?
-Lo haré en la churrería.
El día de la subida de la Virgen a la Fuensanta, había cola hasta la iglesia para coger una mesa o llegar al mostrador.
-Cinco raciones, oiga, que llevo una hora esperando.
Como había familias que venían de los pueblos a tomar aquí sus churros con chocolate, no daban abasto.
-Deme una “rueda” para llevármela al monte.
Hoy he dicho a mi Señora: “A las diez te espero en la churrería de Sagasta.
Y fui. Aunque no había llegado, cogí una mesa.
-¿Le atienden? –me preguntó una joven pronto.
-Espero a mi novia –le contesté. Una risita se dibujó en su rostro.
-No hay prisa –dijo, y se alejó.
Seguí esperando que llegara mi mujer. La gente ocupaba el resto de las mesas. Unos entraban y otros se iban. Por fin la vi en la puerta. Le hice señas con la mano.
Los bajos de los edificios cambian de dueño a menudo. Prueban a vender algo o a reparar relojes. Si tienen suerte y acude público, permanecen; si no entra nadie ni a preguntar qué venden, se van, que el alquiler no se detiene.
A la churrería de la calle Sagasta le ha ido bien. ¿Habrá sido cosa de suerte? ¿De simpatía? Cerca hay bares donde sirven cafés. Muy cerca una heladería. ¿Faltaba la churrería?
La venta debe tener su truco o su arte para llegar a la parroquia. No será cuestión de suerte solo. Como en las personas que triunfan en la vida, debe existir un elemento oculto que lo haga diferente a los demás.
-¡Hola, Andrés, enseguida te atiendo!
Familiaridad, llaneza, confianza. Quizás que ese trato posea la clave del éxito. La gente en el fondo busca amigos, que le traten como tal. He observado que en los locales que triunfan o permanecen hay un ambiente de hermandad que los distingue. Hay necesidad de amigos con quienes desahogar las preocupaciones que inquietan su alma.

                                   Francisco Tomás Ortuño  

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