13 noviembre 2016
Te cuento… A mi hija
-Santana, las cinco de la tarde, en el comedor. Lina vino ayer a la recogida de la oliva y ya partió de nuevo. En unas horas, como una fiesta, recogimos la cosecha esta mañana. El modus operandi que utilizamos fue el de “ordeño”. El “vareo” lo dejamos para otros olivareros más curtidos en la materia.
-¡Pobres árboles, que sueltan a sus hijos a base de mamporrazos! Zas, zas, zas, y la aceituna va cayendo al suelo como lágrimas del olivo.
-Aquí, de una en una, o por parejas; a lo sumo, de tres o cuatro a la vez. Como caricias, se las vamos arrebatando a la madre. “No nos peguéis, por favor -parecen implorar- y que os sirvan de provecho”.
-¿No es lo que hacen los cacos cuando entran a una casa a robar? Se llevan lo que encuentran de valor a cambio de que dejen con vida a los dueños. El símil no puede ser más exacto.
Una vez solos, mamá y el que lo cuenta fueron a comer al restaurante “Coimbra”, ya conocido de otras veces. Sí, el que fuera de los suegros de mi vecino. El comedor estaba lleno. Los nuevos dueños no solo siguen adelante, sino que prosperan con el negocio. El “Casón”, en cambio, otro restaurante, estaba vacío.
-¿Qué hace, Eduardo, que las familias que salen de sus hogares a comer, elijan un lugar determinado? ¿Qué tienen suerte estos locales? ¿Qué tratan mejor a los clientes? ¿Qué sirven otros platos?
-De todo un poco, sin duda, Silverio, pero sobre todo que saben crear un ambiente de familia, donde se sienten amigos de toda la vida.
-Todos procurarán lo mismo, Eduardo, pero unos prosperan y otros se apagan como un fuego que se extingue. Algo más debe haber.
-Será la suerte, que en esas materias nadie puede entrar. Te toca o no te toca, y tú no sabes por qué, ni quién la manda, ni cómo fuiste tú el agraciado entre miles de personas. Es fácil decir: “Porque se lo ha currado”, o “lo habrá ganado por méritos”; pero lo cierto es que nunca ni nadie lo puede saber.
Salgo a la terraza. La luna en el cielo camina hacia occidente. Es redonda y grande como un globo que se hubiera soltado de las manos de un niño. Me acuerdo que oí por televisión que mañana lunes tendremos luna llena. Pero no una luna llena como las demás lunas de plenilunio, sino una luna súper en magnitud y esplendor.
-¿Y por qué será una superluna, Calixto?
-Como sabes, la luna es un satélite de la Tierra.
--Sí, claro, ¿y qué más?
-Su proximidad al planeta no es la misma siempre.
-Sigue claro, Calixto, ¿qué más?
-Que el lunes se halla en el punto más cercano a la Tierra y, por tanto, se verá más grande que cuando está más lejos.
-Y de cuántos kilómetros estamos hablando, Calixto?
-De unos treinta mil. No es lo mismo ver la luna a trescientos ochenta y cuatro mil kilómetros que a trescientos cincuenta mil.
-¡Qué miedo da solo pensarlo! Mira que si una noche viéramos una luna como esta mesa de grande. Sería el fin de los tiempos, que todos los astros se necesitan para mantener el orden que tenemos en el Universo.
-Pues mañana, Calixto, miraremos la luna, si las nubes lo permiten, a ver si se mantiene en unos parámetros normales dentro de su cercanía.
Francisco Tomás Ortuño
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