17 noviembre 2016
Te cuento…
Murcia, jueves, Santa Isabel de Hungría, las once, en mi estudio de la calle Federico Balart por imposición.
-¿Cómo por imposición?
-Hoy toca zafarrancho y me han echado para acá. “Hasta que lleguemos limpiando, tú ahí sin moverte”, me han dicho. Y yo aquí hasta que ordenen otra cosa: “Ya puedes salir”. No voy a hacer como Bladimiro, amigo de la piscina.
-¿Qué hace Bladimiro?
-Esta mañana le pregunté: “Bladi, ¿qué puede ocurrir para que una pareja se rompa?”. Y es que me confesó el otro día que se había separado de su mujer y ahora vivía con una boliviana: él con tres hijos de su matrimonio y ella con otros tres del suyo.
-Infinidad de motivos, Francisco –me ha respondido.
-Como, por ejemplo… -seguí buscando explicaciones.
-Siempre estábamos discutiendo –me contestó.
-Eso es que os faltaba empatía –le dije.
-¿Qué quieres decir?
-Ponerse en la piel del otro y pensar como él. A lo mejor así se aceptan sus razones, que dos no discuten si uno no quiere.
--¡Eso no es cierto! –ha gritado-: ¡Si uno quiere discutir, no hay Dios que lo impida!
Ninguno convencía al otro y optamos por callar. Igual tenía razón mi amigo Bladimiro. Yo entonces pensé en lo que ya te habré contado:
-¡Qué bien te encuentro, Ciriaco! –le dice un amigo a otro que hace tiempo que no ve.
-Será porque no discuto, Cristóbal –le contesta.
-No será por eso, Ciriaco –sigue Cristóbal.
-Pues no será por eso –cierra su amigo.
Hay que evitar choques de trenes. Si se ve venir de lejos, hay que coger otra vía. Decía Beethoven que los genios tienen un dos por ciento de talento y un noventa y ocho de perseverancia. Tiene que haber mucho trabajo en las personas para alcanzar el éxito; no se debe tirar la toalla al primer fracaso. Más bien, estudiar los motivos de la frustración y poner remedio.
Ya los padres deben enseñar a sus hijos que la vida puede ser dura, pero que se puede salir de las situaciones adversas. Y el remedio a veces suele estar en dejar egoísmos aparte y procurar contentar a los demás aunque duela:
A) Desdramatizar los fracasos, convenciéndoles de que no pasa nada si las cosas no salen bien a la primera; que hay que cambiar el “No lo voy a conseguir nunca” por “Lo voy a intentar de nuevo”.
B) Animarlos con metas alcanzables, apoyándoles en sus iniciativas.
C) No hacer por él lo que pueda hacer él solo.
D) No exigirle un resultado perfecto. Mejor, quitar importancia a sus fracasos.
E) El orgullo de los padres por sus éxitos debe ser el mejor incentivo para que quieran hacer nuevos proyectos.
Francisco Tomás Ortuño
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