19 noviembre 2016
Te cuento…
Murcia, sábado, las once y cuarto, sobre la calle Salvador Ortiz. Cielo azul por lo que veo a través de la ventana, que más allá o más acá no sé lo que hay. Trescientos veinticuatro días pasados del año por cuarenta y dos por pasar. San Crispín, Fausto y Feliciano.
-Si sigues contando quisicosas del día, no dirás nada de lo sucedido hoy.
-Poco puedo contar de hoy por dos razones: una, porque no he salido de casa; y otra porque apenas ha empezado a caminar. Si fueran las once de la noche, otro gallo cantaría.
A esta hora te puedo contar cosas de ayer; y de hoy, suposiciones, siempre futuribles; y de estos, mejor callar. ¿Qué puedo contar de lo que no ha nacido? Si del pasado no estoy seguro, ¿cómo voy a estarlo de lo que no es todavía?
-¿Tú no te crees lo que dijeron los profetas, como Daniel o Jeremías?
-Los profetas estaban tocados de una gracia especial para ver lo que estaba por suceder y contar a los que serían luego. Eran las profecías una prueba más de que Jesús era Dios. Con todo, yo soy más de los evangelistas, que contaron lo que ya había ocurrido. Y si me apuras, todavía creo más en lo que veo, como Santo Tomás, y hasta dudo a veces.
Como a mi mujer le gustan tanto los Belenes navideños, quiero dejar constancia para la historia familiar, que hoy ha sacado ya de sus cajas a los Reyes Magos, que guardara el año pasado.
-¿No te parece pronto? –le he preguntado cariñosamente.
-Voy a examinar las figuras –me ha dicho- por si tengo que restaurar alguna. Como si fueran de verdad, los camellos en la mesa caminan por el desierto, con Melchor, Gaspar y Baltasar encima, camino de Belén.
Solo lo cuenta San Mateo: Jesús nació en Belén de Judea en tiempos de Herodes. Llegaron de Oriente unos Magos y preguntaron: “¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Venimos a adorarlo, guiados por una estrella”.
Herodes se sobresaltó. Y convocando a los sumos sacerdotes del país, les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Estos le dijeron que en Belén, según escribieron los profetas: “De ti, Belén de Judea, nacerá el Mesías, que será Rey de Israel”.
Entonces Herodes llamó a los Magos y los mandó a Belén diciendo: “Averiguad lo que haya de este Niño y luego avisadme para ir yo también a adorarlo”. Ellos se pusieron en camino y la estrella que los guiaba se iluminó de nuevo.
Llegados que fueron, llenos de inmensa alegría, entraron en la casa, vieron al Niño con su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Luego se marcharon de nuevo a su tierra por otro camino y ya no vieron a Herodes.
Francisco Tomás Ortuño
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