26 noviembre 2016
Te cuento…
Murcia, las ocho y media, en el comedor de casa. El termómetro marca 16 grados centígrados, y 90 el higrómetro. El higrómetro señala con una aguja la humedad del aire: de cero a treinta, “very dry” o muy seco; de treinta a sesenta, “normal”, y de sesenta a cien, “humid” lluvioso o muy lluvioso.
El hombre ha inventado con los años cuanto ha podido y sabido. Como las generaciones se suceden unas a otras sin solución de continuidad -aquí me quedo y aquí sigo en cualquier terreno-, el hombre en los quinientos mil años que tiene de vida, ha pasado por todo, y cosa nueva que ha descubierto, no la ha soltado para exprimirla como un limón, para conocerla mejor y y mirarla bien por si llevara escondido algún fruto impensado antes.
No sé si me explico: quiero decir que el hombre va conociendo el mundo que le rodea y trata de inventar algo nuevo que le pueda ser útil. Así con las máquinas, la medicina y útiles de uso cotidiano; así con cuanto le queda por conocer, como hierbas que curen enfermedades o alarguen la vida, así en las comunicaciones, en vuelos a otros planetas, etc., etc.
He sabido que existe un Cuerpo llamado “Notario del Tiempo” que estudia las nubes, los vientos y demás meteoros y su influencia en la conducta humana. ¿Qué no estudiarán estos hombres y mujeres sobre los posibles efectos de los fenómenos atmosféricos en el hombre, tanto en el cuerpo como en la mente?
Yo vi hace tiempo, como tú habrás observado, que lo que hacemos depende en gran medida de la atmósfera, y ahora lo confirma este cargo que ha tenido que crearse con el mismo fin. ¿Suicidios?, ¿homicidios?, ¿guerras?... ¿Quién en su sano juicio se arroja de un décimo piso para acabar con su vida?
Francisco Tomás Ortuño
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