domingo, 27 de noviembre de 2016

Rita_2

27 noviembre 2016

Te cuento…

Como se habla tanto en los medios de Rita Barberá últimamente, he soñado que la recibió San Pedro en la puerta del Paraíso.
-¡Hola, Rita! –le dijo amable.
Ella, sorprendida, acertó a decir:
-¿Dónde me encuentro? Y ¿quién es usted?
-Soy San Pedro, querida. Has dejado tu vida terrenal para vivir con los que dejaron antes que tú esa morada.
--¿Se refiere al Cielo? ¿Estoy en el Cielo? No me lo puedo creer. Entonces, ¿tú eres Pedro, el de las llaves?
-Así es, Rita. Pasa que cierre la puerta, que muchos quieren colarse sin deber entrar.
-¿Y qué hacen entonces, si no les dejas que pasen?
-Tienen que purgar en otra parte las faltas que cometieron abajo y no pagaron. Aquí solo se entra limpio de impurezas.
Tras una pausa, la Señora Barberá continuó:
-Como es la primera vez que vengo, no sabré andar por estos…  lugares.
-Te daré un guía que te acompañe algún tiempo. Será una sorpresa para los dos. Quédate aquí, que vendrá a recogerte –terminó alegre San Pedro retirándose.
Pronto vino un Señor transparente pero reconocible.
-¡Hola, Rita Barberá, no podía pensar que fueras tú. Dice San Pedro que te enseñe la nueva vivienda que vas a tener.
-¡Adolfo! ¡Qué alegría! ¡Cuánto tiempo sin verte!
Tras un largo silencio de miradas cariñosas, dijo Adolfo Suárez:
-Cuéntame, Rita, qué pasa por España, quién hay en el Gobierno y si se llevan bien, que cuando estaba yo, aquello era un infierno. Hasta perdí la cabeza. No pude aguantar la presión y “la palmé”.
-Pues todo sigue lo mismo, querido amigo: una jaula de grillos, ¿qué digo de grillos?, de hienas que quieren morder.
-No me digas, Rita, yo pensaba que yéndome yo, todo cambiaría.
--A peor, Adolfo, a peor. Tú perdiste la memoria y yo sufrí un infarto. Tampoco pude resistir la presión a que estaba sometida. De juicio en juicio por faltas que no había cometido. Imposible vivir allí.
-¿Quieres que nos demos una vuelta de incógnito a saludar a unos amigos? –dijo Adolfo en plan conciliador.
--¿Volver has dicho? ¿Es que has perdido otra vez la cabeza? Jamás, Adolfo. Ni atada me llevan otra vez allí.

Francisco Tomás Ortuño

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