viernes, 25 de noviembre de 2016

Imágenes.

25 noviembre 2016

Te cuento…   A mi amigo don Mariano Spiteri

Murcia, viernes, las ocho.
En Santana, los domingos, mi mujer y yo vamos a Misa al Convento. En una capilla se encuentra el Cristo de la Columna, de Salzillo. ¿Será por eso que la iglesia se llena de fieles? Uno que no falta a la cita dominical es mi amigo don Mariano Spiteri, escultor profesional y restaurador de imágenes. Va también acompañado de su Señora, que suele salir, tras el Evangelio, con la bandeja a recoger las ofrendas de los fieles.

Un día estuve en su taller. Era interesante ver cristos e imágenes por restaurar, y aparatos modernos que permitían ver por dentro las figuras, como verlas subir, bajar o girar sin moverse el restaurador. Dijo que tenía más encargos que podía atender. “No todos podrían decir lo mismo”, pensé yo. No solo restauraba tallas de otros escultores sino que las hacía de encargo para procesionar. En Jumilla hay varias Hermandades que tienen su “Paso” de nuestro artista local.

Ya dije en otra ocasión que los Museos –entre ellos el de Murcia- tenían suficientes lienzos de gran valor para que los restauradores no dejaran de trabajar. Cuando mi mujer estuvo allí, a instancias de la Consejería de Cultura, vi con estupor que había muchos cuadros en una sala esperando ser restaurados. No era justo, pensé, que artistas que habían hecho la carrera de Restauración en una Escuela de Bellas Artes no tuvieran trabajo existiendo tales obras por restaurar.

Y en escultura será lo mismo. Por lo que vi en el taller de mi amigo don Mariano, a un santo le faltaba un pie, a una santa una mano, a otra figura poner pintura. ¿Qué pueblo no tiene iglesia y qué iglesia no tiene imágenes? ¿Sería aventurado hablar de millares? Y siendo así, ¿cuántas imágenes habrá para restaurar?

Auguro un futuro prometedor a los artistas como mi amigo Spiteri. Si bien es cierto que las iglesias no disponen de medios para restaurar sus imágenes, ni tan siquiera al patrón del lugar, que preside el altar mayor -“Ahí lo pusieron y ahí se queda hasta que se caiga a pedazos de puro viejo”, dicen los sucesivos curas destinados allí por el señor Obispo-, tiempos vendrán mejores para que den trabajo a los artistas que los cuiden como a enfermos en un hospital.

Francisco Tomás Ortuño

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