6 noviembre 2016
Te cuento…
Estoy pasando a ordenador un libro que escribí hace tiempo: “Conoce a tus hijos”. En él digo a los padres la forma de proceder con los pequeños en diversas ocasiones, y cómo se desarrollan sus intereses, de acuerdo con mi experiencia de padre de cinco hijos o mis estudios magisteriles.
No tuve en cuenta entonces que “una cosa es predicar y otra dar trigo”, como le dijo el cura a un gitano que fue a su casa después de oírle en la iglesia decir desde el púlpito: “Hay que dar, hijos: el que tiene debe dar al que no tiene”, con lo que el gitano se fue de lo mismo.
Digo esto porque los padres no dirán con mi libro: “Ya tengo resueltos los problemas de educación con mis hijos”. Cada niño es distinto y cada situación de conflicto es diferente, según cómo, cuándo y dónde se produce. No vale medir todos los casos con la misma vara.
Pero quizás vengan bien unas normas generales, aunque suenen a verdades de Perogrullo, como no contar historias de miedo a los niños para que estén callados. En fin, creo que no esté de más mi libro aun sabiendo que el instinto de los padres les dirá mejor lo que proceda en cada caso.
Aunque así y todo, Dios y ayuda, que nunca se sabe cómo piensa un niño en todos y cada uno de los momentos de su infancia. ¿Qué sentimientos aparecen en un niño cuando cree que sus padres no lo quieren? ¿Qué piensa cuando ve que discuten sus progenitores?
Francisco Tomás Ortuño
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