8 noviembre 2016
Te cuento… A mi hija, Pedagoga
Murcia, las doce y media, martes. Ayer, en un calendario era San Severino y en otro San Ernesto. En cada sitio un Santo diferente. Luego te hablé de San Severo y de otros severos que escribíamos en la Escuela. San Ernesto también era Santo de recuerdo escolar. Entraba en la Regla de las haches: “Se escriben con “h” las palabras que empiezan por “er” –hermano, hermoso- menos ermita y Ernesto.
Del libro de lecturas que utilizábamos, “Joyas Literarias”, el Maestro, muy solemne, nos dijo un día: “Hay un error en el libro”. Siguió callado. Nosotros esperábamos algún desastre. “Viene “ermita” con hache –siguió-: tachadla en vuestros libros”. Y nosotros tachamos la “h” de ermita.
Como conservo el libro, lo he buscado. Efectivamente, en la página 77 veo que la Poesía “En las ermitas de la sierra de Córdoba” figura la palabra ermita con una “h” tachada. “¡Qué proeza!, ¡qué hazaña!”. Para nosotros, don Ángel sabía más que el libro.
El autor de la poesía era Antonio Fernández Grilo, cordobés, con su retrato y datos biográficos al lado de la misma:
Hay de la alegre sierra,
Sobre las lomas,
Unas casitas blancas
Como palomas…
Cómo disfrutaba yo con las Poesías de este libro. Muchas me las aprendí de memoria –El gaitero de Gijón, La Pedrada. Cansera… Con el libro en mis manos me parece que vuelvo a estar en la Escuela: Rubén Darío, “Caupolicán”; Benito Pérez Galdós, “El combate de Trafalgar”; Eduardo Marquina, “Los leñadores”; Francisco Villaespesa, “La sombra de las manos”; Valle Inclán, “El miedo”; Vicente Medina, “Los pajaricos sueltos”; Emilia Pardo Bazán, “El pañuelo”… En fin, un libro de más de trescientas páginas que conservo como una reliquia, como un amigo que me inició en el camino de las letras.
Para mis nietos, si leen lo que escribo ahora, diré que hay más excepciones a la Regla de la “h”. Además de ermita y Ernesto que aprendí yo, hay otras palabras que empiezan por “er” y no llevan “h”, como erizo, erudito, eructo, erosión y algunas más.
Por aquellos años de mi infancia –años treinta del pasado siglo-se daban muchas Reglas para escribir sin faltas ortográficas: para la b, la v, la h, la g, la j…Y luego, muchas excepciones. “Se escriben con g los verbos acabados en ger, gir y giar menos tejer y crujir; se escriben con b las palabras que empiezan por tri-tur-nu-su-cu-ca-si-al-ur-tu-ti-to-ra-ri-tre-ru-so-la-car-ta-ro-sa-te-tra-ce, menos dibujo…. Con “v” las que empiezan por di-jo-le-en-cla-se-con-mofa… Con “h” las palabras que empiezan por “er” menos…
Para mí, la ortografía se aprende escribiendo las palabras correctamente desde el principio. Si leo, escribo y pronuncio una palabra bien escrita, me quedaré con ella para siempre. La actividad visual, auditiva y motora harán que la reconozca cuando la necesite. Don Baldomero, profesor de matemáticas, me dijo un día: “Si dudo con una palabra, la escribo y la mano me dice cómo debo escribirla”.
Llegó a preocuparme tanto la enseñanza ortográfica que escribí un “Libro de Dictados: Método para aprender la ortografía”. En muchos Colegios se usaban con los alumnos.
Francisco Tomás Ortuño
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