domingo, 13 de noviembre de 2016

Francisco Tomás Muñoz

12 noviembre 2016

Te cuento…   A mi nieto Francisco Tomás Muñoz

Santana, la una, en el comedor.
Hoy juega mi nieto en Águilas un partido. Llama Pascual Jesús, su padre, para decir que está con Francis en el campo de fútbol. Y mi nieta Sofía añade que tiene su corazón partido, ya que juegan amigos suyos con el Águilas y su primo Francisco con el equipo visitante.
¿Serían así los jugadores que yo recuerdo del Jumilla Club de Fútbol. cuando iba los domingos a las Tejeras a verlos jugar? Cándido, Vicente, Guirao, Ignacio, Rubio, Bimbo, Vicario, Monreal, Antoñito, Piri y Palazón. No podían serlo. Yo los veía muy mayores. Hasta Cándido, el portero, volaba para atrapar los balones que iban a la escuadra. Aquellos jugadores sin duda eran mayores que mi nieto. Ya sé que no se ven igual las cosas cuando somos niños, pero aquellos jugadores no tendrían diez años.
-“¿Entro con usted?”, decía yo entre la multitud al que pasaba al campo con la entrada en su mano. Facundo, en la puerta estrecha, cortaba un trocito de la misma y me dejaba pasar. Era bueno Facundo. Creo que ya me conocía de colarme cada domingo de la misma forma.
Nos mirábamos décimas de segundo para justificarse y me sonreía. Solo décimas de segundo. Una vez dentro, corría a un lateral del campo y me sentaba en el suelo, delante de las filas de sillas playeras que había para ver el partido. Yo vibraba emocionado cuando salían los jugadores botando el balón, en dirección a la portería.
¿Sentirán hoy los niños lo que yo sentía entonces? Como dice Pereda: “¿Son los niños de hoy como los niños de ayer?”. Aún parece que estoy allí y siento emociones que no he podido olvidar. “¿Entro con usted?”, y me pegaba al hombre  como si fuera hijo suyo.
Al teatro por la tarde entraba igual con mi tía Asunción y su novio. Yo pensaba que era legal la forma de entrar un niño al cine. La portera aquí era una mujer. También hacía la vista gorda y permitía mi entrada.
Cuando fui mayor, Facundo estaba de conserje en el Instituto “Arzobispo Lozano”. Nos encontramos de nuevo allí, él como conserje y yo de Profesor. Le di las gracias por las veces que me dejó entrar al fútbol sin pagar. “¿Se acuerda de cuando me dejaba entrar al fútbol?”, le preguntaba. Él se sonreía.
¿Qué iba a decir? Si decía que no, mentía; y si decía que sí, era culpable ante la Ley. Hay veces, como decía don Quijote a Sancho, que es mejor “no meneallo”. En la vida, cada situación es de un momento. Fuera de él está distorsionada, no se ajusta a otras que la acompañaron.
¿Eran los jugadores de entonces como es hoy mi nieto? Indudablemente que no. Aquellos jugaban y punto; mi nieto ahora ha ido con su padre a Águilas a jugar y punto. Cada situación es de su momento, de su tiempo y su contexto.

                                   Francisco Tomás Ortuño

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