martes, 29 de noviembre de 2016

Black Friday.

28 noviembre 2016

Te cuento…

Santana, las once, en el comedor oyendo villancicos. Mi hija, fuera, coge romero para rematar el belén. Mamá no se cansa de mover las figuras, tanto el Nacimiento como el Castillo de Herodes o los Reyes Magos guiados por una estrella. Sara dormita en el sofá como si nada fuera con ella. “¿Qué estarán haciendo con tanto afán?”, pensará. “¡A ver si apagan la música, que no me deja dormir”. El Sol juega a asomarse y esconderse por entre las nubes. El viento se fue no sé a dónde.
-Panorama propio de la Navidad, aunque falte casi un mes para que llegue.
-¿Te has fijado, Emeterio, que este año se adelanta la Navidad en los comercios? No aguardan a la Purísima para poner luces y villancicos.
-Es que han traído de América un Black Friday para adelantar las fiestas.
-¿Qué es eso de Black Friday, Agustín?
-Significa “Viernes Negro” y son Rebajas de productos antes de la temporada. Vender es su objetivo y se inventan cómo conseguirlo mejor. La gente se lo cree y corre a comprar lo que no necesita, porque le dicen que están rebajados de precio. Mi amigo Lorenzo iba todos los días a ver unos zapatos que necesitaba. “En las Rebajas de Enero me los compraré”, decía. Veía que su precio era de cuarenta euros y decía: “Con las Rebajas, a mitad de precio”. Y luego vio que en “sus  zapatos” rezaba: “Black Friday, rebajados: cuarenta euros”.
-“A mí no me engañan”, me dijo indignado; “es un tongo: son los mismos zapatos que había antes de las Rebajas”.
Podía ser, pero la gente adquiría los productos contentos de haber hecho la compra del siglo. “Mira lo que he comprado, esposo mío: tres pares de pantalones para ti, tres vestidos para mí, cinco bañadores para este verano,..
-¿Y cómo has gastado tanto en cosas que ya tenemos, querida?
-Es que estaban a unos precios…
-           Estas rebajas no irán con la comida, Agustín.
-Lo mismo, Emeterio: ya venden carnes y mariscos a bajo precio para la Navidad.
-¿Y cómo mantenerlos tanto tiempo sin consumir?
-Eso no es problema, Gervasio. En el frigorífico se mantiene un par de días lo que quieras, y en un congelador un par de meses.
-¡Cómo ha cambiado la vida, Evaristo. Nuestras abuelas no conocían estas cosas. Si podían mataban un pavo para comer en el día; y si no podían se quedaban sin comer pavo. A lo más que llegaban era a guardar un día la carne en “la fresquera”. A este paso, nuestros nietos se comerán el pavo navideño en pastillas de farmacia.
-Pero lo harán con la misma ilusión que nosotros ahora y que nuestros antepasados antes, Evaristo. En las costumbres somos de una época y lo que se lleve en la misma es lo nuestro, y no queremos otra cosa aunque sea mejor.

Francisco Tomás Ortuño. 

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