15 noviembre 2016
Te cuento… A mi hijo Miguel, astrónomo.
Murcia, martes, las cinco de la tarde. Tiempo frío y nuboso, justo lo contrario de tiempo de playa. Ahora toca recogerse en los hogares.
-Con la superluna de estos días, parece que hemos descubierto el cielo. Todo es hablar de los astros como si antes no hubieran existido. Y, sin embargo, Cayetano, sigue habiendo, como ayer, como hace un año y como hace mil, catorce mil millones de estrellas como nuestro Sol, registradas en nuestra galaxia. Has oído bien, catorce mil millones de estrellas en la Vía Láctea. ¿Cuántas no habrán en las galaxias del mundo mundial? ¿Y planetas? ¿Y lunas jugando a no mostrar una cara como la nuestra?
-A mí, Nicodemo, el tema de las estrellas me apasiona. He oído que la galaxia Andrómeda tiene un billón de estrellas y que dista de nosotros dos millones y medio de años luz.
-Has oído bien, Cayetano, que hay otras galaxias irregulares, que no son de forma espiral ni lenticular, que son aún mayores.
-¿Qué me puedes decir más de las galaxias, Nicodemo?
-Hace menos de un siglo que sabemos que las galaxias son conjuntos de millones de millones de estrellas y polvo interestelar unidos gravitacionalmente.
--¿Es cierto que hay cientos de galaxias ocultas detrás de la Vía Láctea?
-Sobre galaxias, lo que te digan es poco, como que la galaxia del Triángulo está a dos millones y medio de años luz, sabiendo que la luz va a trescientos mil kilómetros por segundo. Nuestra mente no abarca tanto como en otras cuestiones del más allá. Aceptarlo y punto.
-Sí, que tiempo ha habido para saberlo, y si no se ha sabido es porque jamás lo sabremos. Si la Luna, que está como quien dice a un tiro de piedra, o que forma parte de nuestra casa, hemos tardado en llegar, ¿qué podemos esperar de otras lunas, de otros planetas o de otros soles?
-Bueno es, como humanos, querer saber y hasta intentar salir un palmo de la Tierra, pero sabiendo que jamás conseguiremos salir de nuestra casa o sistema solar. Es tan infinitamente grande la aventura que Dios que la hizo la preparó insalvable a nuestras fuerzas.
-Es como si un grano de arena de las playas, solo uno, fuera de color verde y quisiera saber si existe otro igual en alguna parte. Mira, el Sol que vemos no está donde lo vemos.
-¿Qué dices, Nicodemo?
-La luz que nos llega tarda ocho minutos en llegar. Eso significa que cuando nos llega a nosotros ya no está donde lo vemos. ¿Qué será una estrella de otra galaxia? En ese fluir constante de mundos en el espacio, ¿qué podemos esperar?
Francisco Tomás Ortuño
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