18 diciembre 2016
Te cuento…
Santana, las nueve y lloviendo. El viento azota despiadadamente a los pinos sin merecerse nada. Si pudieran correr, como Sara o los habitantes de Alepo, ya habrían traspasado el Carche. ¿Hay algo más fuerte –iba a decir injusto- que recibir golpes sin motivo, con los brazos caídos y sin poder correr? Yo pensaba que eso solo era propio de Jesús, Dios en la Tierra, pero veo que también hacen lo propio los pinos que veo tras los cristales de mi ventana. Son ejemplares.
¿Tú has leído el Quijote? Cervantes, en un pasaje pastoril, dice que Crisóstomo bebía los vientos por Marcela. Y como Crisóstomo, cientos de pastores se subían a los árboles esperando unas palabras de la pastora. Pero ella decía, con razón, que porque la quisieran, ella no estaba obligada a querer.
Yo, cuando topé con el Capítulo XII de la primera parte, que contaba la historia de Marcela, me reí mucho: “Hay, no muy lejos de aquí, un sitio con dos docenas de altas hayas, y no hay ninguna que en su lisa corteza no tenga grabado y escrito el nombre de Marcela. Aquí suspira un pastor, allí se queja otro.
Cual hay que pasa todas las horas de la noche sentado al pie de alguna encina o peñasco, y allí, embebecido y transportado en sus pensamientos, le halla el sol a la mañana; y cual hay que sin dar tregua a sus suspiros, en mitad del ardor de la siesta, tendido sobre la ardiente arena, envía sus quejas al piadoso cielo“.
¿Y a qué viene el Cuento de Marcela y los pastores?
Encuentro similitud con los desahuciados. Como aquellos, se lanzan al vacío para suicidarse. Y en tal medida que ya se teme salir a la calle por si te cae un desahuciado encima.
¿A dónde vas, Moisés?
A tirarme por la ventana.
Te acompaño.
¿Tú también vas a hacer ventaning?
Seremos los primeros en tirarse a pares.
Unos tenían que ser, que veo que cunde poco el suiciderio.
Vamos antes a dar un paseo, Moisés, y lo pensamos mejor, que es muy fuerte la medida. ¿Por qué no vamos al Ayuntamiento y pedimos al Alcalde que dé trabajo a los parados poniendo celosías en las ventanas?
Francisco Tomás Ortuño
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