13 diciembre 2016
Te cuento… A mi nieta Isabel Tomás Muñoz
Ayer te hablé de Dámaso Alonso y de las Jarchas. Luego cogí, también al azar, otro libro. Se trataba de “La tierra de nadie y otros relatos”, de Ignacio Aldecoa.
Aldecoa fue un escritor de la posguerra, y pertenece al realismo social de la época, como Ana María Matute y otros. Los relatos son: Chico de Madrid, Seguir de pobres, Hasta que llegan las doce, Un cuento de Reyes… aparte del que encabeza la lista y da nombre al libro: La tierra de nadie.
Nació en Vitoria, en el año veinticinco, ocho años antes que yo. Sufrió, por tanto, los mismos avatares de mi infancia y de muchos que nacieron por aquellos años. Nuestros padres, más que nosotros, vivieron las miserias de una guerra civil. A nosotros nos tocó sufrir las consecuencias.
Como murió en el sesenta y nueve, a los cuarenta y cuatro años, no le puedo preguntar en qué ocupaba su tiempo ni cuáles fueron sus juegos preferidos. Ni si conoció a Unamuno, que murió en el treinta y seis y era vasco como él. Pero sé que vivimos la misma sociedad, la misma época, con todo cuanto suponía conocer el estraperlo y la restauración social de tres años de guerra.
¿En qué bando estuvo tu padre, Ignacio?, le hubiera preguntado. ¿Y tú qué hacías? ¿Ibas a la “ikastola” de tu pueblo? ¿Te gustaba ya escribir? Creo que nos hubiéramos comprendido. Tus cuentos hablan de cosas que conocimos los dos. En Los pájaros de Baden Baden escribes:
“Entró Elisa y su vestido estampado flotó un poco al andar y pareció que había entrado algo de aire con ella.
-Buenas tardes –dijo Elisa-. Tal vez he interrumpido…
-Un momento, ahora vengo, voy a refrescarme, ¿vale?
-Vale –dijo Elisa divertida, y se sentó en una de las butacas. Oyó las sonoras abluciones, cómo se sonaba las narices y el ruido que hacía al enjuagarse la boca.
Francisco Tomás Ortuño
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