7 diciembre 2016
Te cuento…
Cuenta mi amigo Apolinar que va a ser abuelo de una niña. Que iba a ser abuelo ya lo sabía; que iba a ser abuelo de una niña lo ha sabido hoy. Han conocido la noticia por la ecografía. Hasta hace poco, había que esperar a que el crío diera la cara, por no decir otra cosa, para saberlo. Ahora, con ese aparato, ven por dentro a la madre como por fuera.
En una democracia, no debía de permitirse estos abusos. ¿Qué pensará esta niña de la foto que hacen de ella sin su consentimiento? Con el nombre que haya de llevar, lo mismo. “¿Cómo se va a llamar?”, pregunta el cura. Y los padres responden: “Obdulia”. Y luego la criatura hubiera deseado Mildred, como una artista famosa.
Si nos paramos a pensar, nadie puede presumir de haber ordenado nada de su propia vida. Ha nacido y punto. Le han puesto Juan o Luis, Petra o María y se acabó. Porque ¿quiso él - ella nacer? ¿Eligieron el día, el mes y el año de su nacimiento? ¿Hubieran deseado ser alemán, chino o vietnamita en lugar de haber nacido en otra parte? ¿Haber nacido en nuestro tiempo o en el siglo XXV? ¿Quién puede presumir de haber mandado en su destino? Ha nacido varón o hembra, aquí o allí, ahora o luego, y punto. Solo puede aceptar lo que encuentra y seguir la corriente en la que se ha encontrado.
Francisco Tomás Ortuño
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