domingo, 25 de septiembre de 2016

Lo que tú quieras.

24 septbre 2016

Te cuento…
Santana, las cinco de la tarde, en la terraza grande. Mamá lee y yo escribo. El cielo está limpio de nubes y el aire duerme la siesta. La campana del convento da las cinco campanadas de rigor.
-¿Cuándo habéis venido a este refugio santanero, Vicente?
            -Amanecimos en Murcia y hemos comido aquí. Fue pensado y hecho, Sebastián. “¿Nos vamos a Santana?”, dijo mi Señora. “Lo que tú quieras”, contesté yo. No me opongo a cuestiones como esta, donde no hay perjuicios para nadie. Es una filosofía que recomiendo. Si costara cuartos o trajera perjuicios, lo pensaba, o me oponía; pero gratis  y sin daños añadidos para nadie, no me opongo. “¿Tomamos el café en la puerta de la cocina?”. “Donde tú digas”. ¿Qué pierdo yo ni gano con que sea en el comedor o en otra parte?
            -Pues los hay que discuten por menos, Sebastián. Y es que quieren salirse con la suya, llevar las de ganar, o ser quien mande. ¡Cuántos matrimonios se rompen por niñerías tales!
Lo habré dicho antes: en tiempos relativamente próximos, de nuestros padres sin ir más lejos, el hombre no permitía que la mujer opinara, y menos que discutiera lo que él decía. “¡He dicho y tú a callar!”. Eran tiempos de dictaduras, con gobiernos totalitarios, que se copiaba en las casas. El hombre se creía menos hombre si era la mujer la que ordenaba. La frase: “Es un calzonazos” significaba que no mandaba en su casa.
A partir de los ochenta, los tiempos trajeron otras modas y modos de hacer. Las mujeres exigieron paridad con el marido en el trabajo. ¡La que se armó! Si se conocieran casos que no cruzaron fronteras, ni la guerra de Troya. “¡Tú a mí!”, “¿Quién manda aquí?”. ¡Cuántas separaciones, aparentemente injustificadas! ¡Cuántos crímenes sin resolver! ¡Cuántos suicidios y homicidios por lo mismo!
Proliferaron los abogados que resolvían problemas domésticos y los que se derivaban de ellos con los hijos del matrimonio en guerra permanente. “El coche es mío, que me lo regaló mi padre”, “La casa por el hijo: tú te quedas con la casa y yo me llevo a Juanito”.
-Este problema no está resuelto aún, Vicente, que muchas separaciones tienen su origen en querer mandar, que tardarán años en limpiarse la sangre de herencias adquiridas.
-Vamos a dejar el tema del ordeno y mando, que tiene mal fin. Los vecinos más cercanos acaban sus vacaciones. Están preparando el coche para la marcha.. Hasta una bicicleta bien atada por fuera del coche como si fuera una mochila que se lleva a la espalda en una excursión. El otro vecino juega al balón con sus hijos.

                                               Francisco Tomás Ortuño

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