22 mayo 2017 lunes, Santa Joaquina Vedruna
Seguiré contando : de viajes
-¿Sabes, Lorenzo?, ayer fuimos al Hotel Pacoche a ver a una prima de mi mujer.
-Sé más explícito, Sebastián, que no te alcanzo; ¿qué prima es esa y qué hacía en un Hotel?
-Te cuento: La susodicha Isabel vive en A Coruña, o La Coruña que hemos dicho siempre. Nos llamó para decir que va de viaje con un grupo a Caravaca de la Cruz, por eso del jubileo –indulgencia plenaria que el Papa concede a los católicos en ocasiones especiales-, y que pararían en Murcia. Como antes íbamos con niños a Mallorca, ahora hay viajes con mayores a otras ciudades.
-¿Y no te parece bien?
-Claro que me parece bien, Lorenzo, pero que muy bien: se divierten, aprenden cosas que no saben y ven lo que no habían visto. ¿Qué mejor tiempo empleado que viajando? Cuando yo iba con niños, en barco o autobús, a Andorra, a Ceuta o a Galicia, ya lo pensaba.
-¿Qué pensabas, Lorenzo?
-Pensaba que los viajes debían de figurar en los Planes de Enseñanza como las matemáticas o la historia. Asignatura obligada para todos. Que no se dieran casos como el de un compañero de “mili” que en unas maniobras a Requena pasamos por Alicante y se puso a gritar: “¡El Mar!, ¡el mar!”. Y es que no lo había visto antes, y tenía veinte años.
En esa asignatura de “Viajes” se conocerían otras tierras, costumbres, monumentos, museos, etc. y se harían visitas a otros Centros escolares. No sé cómo no lo hacen ya. Los viajes siguen quedando en opcionales para algunos afortunados que salen unos días a fin de Curso.
-El Imserso –Instituto de Mayores y Servicios Sociales-, Sebastián, incluye en sus programas “Viajes para Mayores” y van de una ciudad en otra visitando lo que ofrecen.
-En el caso de Isabel, viene un autobús con cuarenta viajeros a visitar Murcia, Cartagena y Caravaca de la Cruz. De paso, saludan a sus familiares que encuentran en la ruta. Isabel, que vive desde niña en la Coruña, tiene sus raíces en Jumilla. ¿Qué mejor ocasión que venir a saludar a sus parientes? “¡Hola, prima!”. Y se cuentan historias que llevan guardadas de su infancia. “¿Cómo están tus hijos?”, “¿Cuántos nietos tienes?”. Y el tiempo se les queda corto.
Francisco Tomás Ortuño