sábado, 20 de mayo de 2017

De horas y céntimos.

20 mayo 2017  Sábado, San Bernardino de Siena

Seguiré contando : De horas y céntimos

-Murcia, Sábado, las nueve menos cuarto, que es decir las ocho cuarenta y cinco. Si vendiera tiempo me quedaba con lo segundo. Parece que es más temprano. Los que venden algo  se fijan mucho en el detalle: en lugar de decir “Cuarenta” dicen “Treinta y nueve con noventa y nueve”.
-Habrán comprobado que así venden más. “¿Qué cuestan estos zapatos? “Treinta y nueve con noventa y nueve céntimos”.
-O sea, cuarenta euros.
-No, treinta y nueve con noventa y nueve.
-¿No es lo mismo?
-Para nosotros, no; mire usted, aquí tengo los céntimos de vuelta.
-¿Y yo para qué quiero un céntimo?
-Eso es cosa suya, como si lo quiere tirar a la basura, o se lo quiere comer. 
-¿Qué puedo comprar con un céntimo, Señora? ¿Usted va al mercado? ¿Qué le dan por un céntimo?
-No se trata de lo que pueda comprar, sino de lo que pueda vender a un precio o a otro.
-Es que es lo mismo, ¿no se da cuenta?, ¿qué más da uno con noventa y nueve que dos euros?
-Pues está comprobado que la gente los distingue a la hora de hacer sus compras, y si vendes más con uno que con otro sería del género tonto hacer lo contrario. La gente es especial, ¿sabe?, y hay que ver cómo respira para darle lo que quiere, que el comprador siempre tiene razón.
Uno vendía sardinas y llevado por la prisa, puso un cartel en su puesto: “A euro la docena”.  Nadie compraba pensando que eran de escasa calidad siendo tan baratas. De pronto cambió el chip y puso: “A euro la sardina”. Y en un periquete acabó con la mercancía.
No es lo que hagas con un céntimo, es saber con qué compra más el público.
-Entonces, ¿qué hora dices que tenemos?
-Ahora son las ocho y cincuenta y nueve minutos.
-O sea, las nueve.
-No, Serafín, nada de las nueve; son las ocho cincuenta y nueve. Si te preguntan los años que tienes, ¿tú dices cincuenta si no los has cumplido?
¿Cuántos años tienes, Rosa, le peguntaron a una señora de edad madura, por no decir podrida. “He cumplido treinta”, dijo. Y no mentía.    

Francisco Tomás Ortuño

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