miércoles, 18 de enero de 2017

Sigo contando

18 enero 2017

Sigo contando

Murcia, miércoles, las nueve. Año nuevo, que “hasta San Antón, Pascus son”. Cuántas cosas por contar o no contadas. Como he recibido varios avisos de personas muy queridas, seguiré contando. Ya te dije que por estas fechas me lo pienso: “¿Continúo?”. “¿Corto?”. Y al final sigo. Pero esta vez en particular, he tenido motivos más que sobrados para acabar con mis Soflamas. Luego te cuento.
Y al mismo tiempo, como otras veces, me sobrepongo y digo: “¿Por qué dejar mi “obligación de entretenerme”, y de llenar unos minutos diarios contando sucesos y sucedidos? Tan partidario que he sido de luchar contra la ociosidad. ¿A quién perjudico? Más bien, me sirven luego mis devaneos de recordatorio, cuando los paso al ordenador. Te hacen ver cuán veloz pasa el tiempo.
Me pasa con hechos ocurridos el pasado año, que ahora releo para formar un nuevo libro con el Año 2016 –no tiene ni título, ni dedicatoria, ni esas cosas que llevan los libros al principio y que luego nadie lee-: leo que mi tía Asunción murió en enero y yo pensaba que fue más tarde; o mi amigo Pepe Jiménez; o mi vecina María Dolores. “Parece que fue ayer”, se dice, y es verdad. Pero mi escrito me confirma la fecha exacta aunque no pase a creerlo.
Digo que este año tenía motivos suficientes para dejar la escritura, que ya me ocupa muchos años. Las “Bodas de Oro” que he celebrado el cuatro de este mes, era un broche de este metal para hacerlo. Y un amago de infarto que sentí la Nochevieja, celebrando con los hijos la despedida del año, lo mismo. Pero como la vida sigue y solo quedó en un susto, seguiremos emborronando cuadernos que compro en el Chino de la esquina. ¿Cómo podría recordar luego que ayer mandé por Correo un impreso solicitando Plaza de Termalismo por el Imserso? Y así muchas cosas más.
-¿Cómo fue tu amago de infarto?
-Recuerdo que quise ir al aseo. Fue entonces que noté algo extraño en la pierna izquierda que no me permitía andar con normalidad. “Se pasará como ha venido”, pensé y no dije nada a nadie. Pero a los dos días de sentir la misma sensación de llevar “una pata de palo” como los piratas, tuve que decirlo a la familia más cercana: “Mi pierna no es la que era”. Fuimos a “La Vega”. Me hicieron pruebas: Tac, Ecografía, Rayos X, Análisis… Resultado: “Leve infarto”. Los ictus o infartos cerebrales son frecuentes: los leves pasan inadvertidos; los graves son mortales.  
Doy gracias a Dios que no me afectó a la cabeza u otra parte que me impidiera hacer vida normal, fuera de pasar dos días y dos noches en el Hospital hasta recibir el alta.

Francisco Tomás Ortuño